Ad Astra: crítica de una odisea especial

Ad Astra: crítica de una odisea especial

APOCALIPSIS FUTURO

Desde los primeros anuncios, James Gray había manifestado las ambiciones de Ad Astra. Describiendo su película como un híbrido entre 2001: una odisea en el espacio, Metropolis, Blade Runner y Apocalypse Now. Tras verla, es este último el que parece haber influido más en el director (junto a Solaris).

El legado de la mítica película de Coppola sobre la guerra de Vietnam, que a su vez se inspiró en la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, está muy presente en esta gran aventura espacial que se asemeja a una búsqueda. Roy McBride (el impresionante Brad Pitt) es un Willard en versión astronauta, cuya travesía por el río Nung se ha transformado en una odisea en el corazón del sistema solar.

Los planetas y satélites son etapas en el camino del héroe, quien deberá enfrentarse, entre otras cosas, a piratas del espacio, ofreciendo por el camino una de las secuencias de persecuciones más locas de la historia del cine. Su búsqueda, con implicaciones colosales, lo llevará hasta su padre desaparecido, interpretado por un místico y habitado Tommy Lee Jones, reminiscente del inolvidable coronel Brando-Kurtz de Apocalypse Now.

Ad Astra: Foto Tommy Lee Jones
Tommy Lee Jones impecable

AD ASTRA

Esta búsqueda del padre desaparecido será el medio mediante el cual James Gray sumerge al espectador en un nuevo estudio sobre las relaciones padre/hijo, un tema recurrente en la filmografía del director. Pero aquí, por ser una obra de ciencia ficción, la reflexión se vuelve más metafísica y experimental.

Es sin duda en este punto donde Ad Astra dividirá fuertemente al público, especialmente porque sus intenciones no aparecen claramente en la promoción de la película ni en sus tráilers de tono épico. Aunque la película no carece de secuencias de acción sublimes y ofrece varios momentos de gran tensión (babuinos enloquecidos, frenéticas persecuciones, un inicio vertiginoso, hay para todos los gustos), ese no es su objetivo.

Ad Astra: Foto
Mad Max en el espacio

Ad Astra, con toda la locura que lo caracteriza, prefiere concentrarse en la búsqueda íntima de un personaje principal deprimido y perdido. Ya sea por su relación tortuosa con su padre desaparecido hace más de 16 años, por su vida amorosa destruida por los demonios que lo atormentan o, finalmente, por una soledad intensificada por un silencio opresivo, Roy McBride busca respuestas existenciales que trascienden su destino personal. ¿Se encuentran estas respuestas en los confines del universo o simplemente ante nuestros ojos?

Sus reflexiones son compartidas con el espectador a través de una voz en off a lo largo de la película. Un método que recuerda, entre otros, a El árbol de la vida de Terrence Malick, donde también aparece Brad Pitt. La narración alterna casi sin transición entre flashbacks y tiempo presente, otorgando a veces al relato una dimensión confusa e insondable. Una elección que sin duda desconcertará a gran parte de la audiencia, cuya paciencia se verá puesta a prueba frente a este road trip de ciencia ficción que es, en última instancia, más cerebral que espectacular. Ad Astra se presenta claramente como la obra menos accesible del cineasta.

Ad Astra: Foto Brad Pitt
Después de Once Upon a Time… in Hollywood, otra magnífica actuación de Brad Pitt

GRAN ODISEA

Este montaje enigmático (especialmente en sus inicios) es quizás lo único que se pueda reprochar a la obra de Gray en cuanto a forma, ya que a veces aplasta la construcción narrativa del filme. En todo caso, es lo único, porque aunque la película es especialmente ambiciosa en el fondo, lo es aún más técnicamente. La dirección de James Gray sigue siendo tan inspirada y, además, la belleza plástica de Ad Astra es sobrecogedora.

Así, la película debe mucho a la fotografía de Hoyte Van Hoytema (quien ya trabajó en Interstellar), deslumbrante en cada momento. Desde una Luna convertida en zona comercial a vastas regiones en guerra, desde un Marte en plena terraformación hasta la sorprendente estructura terrestre, él y el diseñador de producción Kevin Thompson (Birdman) insuflan vida compleja al universo exuberante creado por James Gray y su coguionista Ethan Gross.

Uno de los mayores logros será, sin duda, la calidad de los efectos especiales. Con un presupuesto considerable (alrededor de 90 millones de dólares), Ad Astra tenía amplios recursos para cumplir con sus ambiciones y el resultado está más que a la altura. Recordaremos la belleza hipnotizante de los anillos azulados de Neptuno mucho tiempo después de la proyección. Al igual que la película, nos hipnotizan y nos absorben en esta búsqueda de lo inasible que parece no tener fin.

Cartel francés