Fin de semana difícil
Para proporcionar algo de contexto, es importante mencionar que el autor de estas líneas camina todas las mañanas hacia las oficinas de CARTELTEC, con un álbum cuidadosamente seleccionado en las orejas. Desde el 31 de enero de 2025, Hurry Up Tomorrow ha acompañado regularmente esos recorridos, tanto que resulta complicado no hacer lip sync en la sala de cine durante la proyección de la película basada en este álbum.
Más allá de haber elevado un pop con inspiraciones R’n’B de carácter depresivo, las melodías pegajosas de The Weeknd, cada vez más adornadas con sintetizadores ácidos al estilo de los 80, esconden una melancolía, una mirada hacia el espejo retrovisor atormentada por los traumas de la infancia, las torturas del amor y las adicciones. Si es uno de los representantes más explícitos de una pop-music que destapa las ansiedades poco glamorosas de la fama, la persona de Abel Tesfaye encapsula un desasosiego baudelairiano que su voz logra magnificar en quejas viscerales.

Pero sobre todo, la música de The Weeknd tiene una clara dimensión cinematográfica, tomando elementos de Scorsese (After Hours), Blade Runner (Tears in the Rain) y Carpenter (Escape From LA), con citas e imágenes que evocan un infierno urbano a punto de estallar. Sus transiciones melódicas y sonoras ofrecen a sus últimos álbumes una narrativa clara, deambulación que coquetea con el abismo en las extravagantes calles de Vegas (After Hours) o en un purgatorio radiofónico (Dawn FM).
Hurry Up Tomorrow concluye esta trilogía adoptando la forma de una ópera masiva (¡22 temas!) e introspectiva donde The Weeknd evalúa su posible redención, antes de despedirse de su nombre artístico y del personaje que representa. Hurry Up Tomorrow (la película) debería ilustrar esta despedida, asumiendo no sin cierto aire de megalomanía.
No obstante, casi podríamos perdonarle durante su primera parte, dado que el cantante (que representa muy mal su propio papel) exhibe una vulnerabilidad total en pantalla. La cámara lo sigue de cerca, incluso durante conciertos masivos que son, a la vez, vertiginosos y opresivos, de donde surge el inicio tardío de la trama. Abel pierde su voz en el escenario, como ocurrió en un verdadero concierto en Los Ángeles en 2023 que llevó al artista a reducir la velocidad.

Cegados por la Melón
Pasada esta única hazaña, el largometraje se convierte en un ego-trip incómodo vampirizado por la estrella, similar a la serie The Idol (co-creada y reescrita por The Weeknd), en la que sería una versión extremada. Resulta sorprendente que, con una duración de casi dos horas, la obra se reduzca a una trama tan básica, cruzando el camino de Abel con el de una fan algo desequilibrada (Jenna Ortega) que lo atormenta en una habitación de hotel. Tomen Showgirls y Misery, añadan un toque de Adrian Lyne en la línea de La Escalera de Jacob, y tendrán la fórmula evidente de Hurry Up Tomorrow, salpicada de eternos pasillos laberínticos al estilo Kubrick y de rarezas lynchianas de pacotilla.
A la vez demasiado largo y apresurado en cada secuencia, la película convierte cada idea en un embrión de videoclip dejado de lado, símbolo de una contradicción entre la intención y su estética. Se percibe que Abel Tesfaye desea que esta obra complementaria de su álbum funcione como un contrapunto, una deconstrucción visual de esta figura de pop-star que sufre, temerosa del fracaso y que ya no logra mantener a flote su personalidad pública. Desafortunadamente, la dirección de Trey Edward Shults (It Comes At Night, Waves) se regodea en tics de videoclip, comenzando por risibles travellings circulares para materializar los tormentos de su personaje.

Todo está desrealizado, perdido en los meandros de este look MTV-arty brillante que pretende denunciar su vacío. Hurry Up Tomorrow no es más que un videoclip interminable, un sub-Winding Refn pretencioso (lo que es redundante) y demostrativo, lleno de cambios en las relaciones de aspecto y otros efectos de dudosa calidad que buscan ser notados. Es difícil involucrarse mínimamente en el desarrollo de su historia, que en definitiva no tiene mucho más que hacer que raspar el legado de The Weeknd de manera complaciente.
Jenna Ortega baila y analiza ante el interesado su éxito Blinding Lights (un momento de cringe intersidencial), antes de interrogarlo sobre sus patrones autodestructivos y su interdependencia emocional, conectada a esta industria musical que se alimenta de la tristeza de los artistas como una sanguijuela. A la pregunta «¿Eres tú el tóxico?», tenemos la amable tentación de responder «no me lo digas, Sherlock», tras más de 15 años escuchando a The Weeknd abrazar y repeler sus demonios misóginos y su abismo emocional.

Llora por mí
Y es, en el fondo, la verdadera tragedia detrás de Hurry Up Tomorrow, que aplana, a través de sus secuencias de imágenes vacías de sentido, la complejidad de una música en continuo conflicto con las emociones de su autor. Paradójicamente, el contenido visual y cinematográfico de las canciones de Abel Tesfaye pierde toda matiz y belleza al ser trasladado a la gran pantalla.
La evidencia está en uno de los temas más bellos del álbum, Baptized in Fear, donde el cantante narra una experiencia de muerte inminente durante un episodio de parálisis en una bañera que se está llenando. Con cada verso, el pánico y los remordimientos acentúan el aumento del agua, materializando la aterradora imagen de una figura oscura que espera en la sombra y se acerca inexorablemente.

La escena, recreada en el filme, se reduce a una triste ilustración sin contexto, despojada de la potencia emocional y macabra de la canción. Lo mismo sucede con la pista que da nombre al filme, una conclusión redentora que aquí sirve como un torpe punto de inflexión en el clímax. Si la dimensión egocéntrica de Hurry Up Tomorrow solo puede interesar a los aficionados de The Weeknd, el proyecto solo logra arruinar el álbum, contaminándolo con impulsos psicoanalíticos absurdos, hasta la purificación por fuego de la persona del cantante. Un triste punto final (?) para una de las estrellas del pop más decisivas de los últimos años.

