OHANA SIGNIFICA CANSANCIO
Los remakes de Disney en acción real se presentan como un callejón sin salida artístico y crítico. Cada nueva mercancía que llega a las estanterías trae consigo las mismas críticas y argumentos, lo que dificulta, si no es que imposibilita, su evaluación como obras independientes.
Siempre, el producto es defectuoso y es toda la fábrica la que tiene un error de fabricación. Cualquier observación realizada sobre Aladino, La Bella y la Bestia, El Rey León, La Sirenita o Blancanieves se aplica también a Lilo & Stitch. Sin embargo, para no subestimar el apetito del gigante, este filme se posiciona entre los peores de su tipo.

Más que ningún otro, este remake del clásico de 2002 es una repetición oportunista y perezosa. Desde la promoción, que tardó en mostrar imágenes del largometraje, se entendió que Disney quería vender el peluche de Stitch y no Lilo & Stitch como película. De hecho, Lilo debería haber aparecido en su totalidad en los carteles… En consecuencia, no se podía esperar nada más que una gran publicidad disfrazada de película, diseñada para vender artículos y vaciar los bolsillos de un público nostálgico.
Si esto no fuera así, el remake tendría algún valor añadido en comparación con el original, pero incluso el rodaje en Hawái no logra eso. Demasiadas secuencias son inexplicablemente apagadas y tristes (la sesión de surf, el paseo en mini coche), mientras que los paisajes paradisíacos y exuberantes apenas son explorados. En términos concretos, si Lilo & Stitch es tímido en cuanto a color y luz, ¿qué película logrará traer algo de vida y alegría a la pantalla?
Con respecto a la cultura local, aunque el elenco principal incluye varios actores hawaianos (Sydney Agudong, Maia Kealoha, Kaipo Dudoit, Tia Carrere), esta merece tener un papel más protagónico, incluso si es solo a través de una demostración de Hula de más de 10 segundos.

LILO & BAJO
En general, Lilo & Stitch es otro calco del filme de Chris Sanders y Dean DeBlois (quien, además, es responsable de los remakes en DreamWorks con el próximo Dragones). La versión de 2025 sigue la misma estructura narrativa, cita las mismas líneas y recrea los mismos chistes, a veces al pie de la letra. Más generalmente, imitando el dinamismo y el ritmo cómico propios de la animación, pero, repetimos, lo que funciona en animación no necesariamente funciona en acción real, y viceversa.
Especialmente porque Lilo es ahora interpretada por una verdadera niña de seis años. Por ello, no tiene su ritmo vertiginoso y no puede ofrecer las mismas transiciones cómicas. Sin sus diálogos ingeniosos ni su pasión por Elvis y la fotografía, se presenta como una niña menos extravagante, con una personalidad menos firme e indomable, lo que hace que todo sea sin duda menos divertido y ágil.

Sin embargo, cuando las escenas del filme original son demasiado difíciles de calcar, el remake opta por omitirlas o dedicarles el menor tiempo posible, lo que lo hace bastante tacaño en acción y espectáculo. Esto ocurre con la secuencia de apertura en el espacio que se siente aún más apresurada, o el clímax, mucho más suave, sin volcán ni persecución real.
Otras decisiones de adaptación son incomprensibles. El guion decide eliminar a Gantu del relato y sustituirlo en parte por Jumba, pero al deshacerse de un personaje prescindible, agrega otros aún más engorrosos… Se habla de la asistente social interpretada por Tia Carrere (alias Sydney Fox, la aventurera) y de Tutu, la anciana interpretada por Amy Hill, quien interpretaba a la otra anciana con su manguera en el primer filme.
No solo la actriz no tiene mucho que hacer, sino que tener una figura materna tan presente en la trama reduce varios conflictos dramáticos al aligerar la carga mental de Nani, que obviamente se siente menos aislada y abrumada. Sin embargo, el restablecer su papel de hermana mayor y borrar su rol de madre sustituta es uno de los escasos destellos de ternura en el remake.

UN TRABAJO DESCUIDADO
Por otro lado, no se indaga realmente en Nani, o solo superficialmente. Para desarrollar su personaje, el guion inventa una micro-subtrama que, al final, se supone le permitirá emanciparse y adquirir independencia (Tutu está presente para recuperar la custodia de Lilo). Sin embargo, esto es más un pretexto para justificar el rescate de Stitch que una verdadera intención narrativa.
Finalmente, la escritura carece de finura y pertinencia. Si bien resulta accesible, la carga emocional se percibe menos clara y los sentimientos son menos comprensibles para el público infantil (que es a quien se dirige principalmente el filme).

Un ejemplo: la nueva versión elimina el paralelismo entre Stitch y El Patito Feo, cuando la superposición de sus dos historias era un método simple y eficaz para explicar el recorrido emocional del extraterrestre. Es particularmente lamentable haber mutilado el pasaje nocturno en el bosque, momento clave de la historia donde Stitch toma conciencia de su propia soledad y del sufrimiento que esta le causa.
Lo mismo ocurre con el papel de Souillon, la «muñeca» de Lilo, que queda casi completamente eclipsada en el remake, cuando ella decía mucho sobre la personalidad de la niña, su soledad y el rechazo que sufre de los demás (particularmente en una escena cuando Lilo quiere jugar con las otras niñas).
Pero ya estamos acostumbrados a remakes que despojan los momentos significativos de los Clásicos… No cabe duda de que veremos lo mismo con Vaiana, esperado para julio de 2026.

