Looper: ¿y si el tiempo fuera solo un eterno reinicio?

Looper finalmente imagina el futuro como una extensión del pasado sin transiciones notorias, lo que es apoyado por la dirección artística de Rian Johnson. Sus años 2047 o 2077 están, pues, muy lejos del cyberpunk de un Blade Runner 2049. Dentro Looper, por el contrario, el cineasta rocía elementos de ciencia ficción en una América en última instancia muy contemporánea, con calles sucias y pobreza desenfrenada.

Los gánsteres viajan atrás en el tiempo, pero se visten como en las películas negras de los años 50. Los autos, excepto un aerodeslizador y algunos drones, son los mismos que los nuestros, simplemente equipados con un módulo eléctrico en lugar del tanque. Todo finalmente parece bastante cercano a nuestro tiempo, y solo algo extraño o poco convencional nos hace creer en este futuro.

La puesta en escena está en consonancia con ella y rechaza tomas secuenciales complicadas, que, seamos sinceros, no se usan a menudo para mucho, o la profusión de efectos digitales. En cambio, Rian Johnson se basa en innumerables primeros planos para transmitir las dudas de sus personajes, evitando los diálogos interminables. Todo está compensado por tomas panorámicas y unos pocos fotogramas muy elaborados, endiabladamente efectivos para secuencias de acción. En definitiva, una vez más, nos encontramos con un matrimonio sutil y acertado entre el cine clásico y la modernidad.

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