Adolescencia, tu universo implacable… Muchos son los artistas que han reflexionado sobre esta etapa trascendental hacia la adultez. Pero, ¿cuántos lo han hecho con tanta pertinencia como Ghost World, adaptada del cómic homónimo por Terry Zwigoff? Este cineasta, tan poco común, aprovecha una Thora Birch en llamas desde American Beauty y a una Scarlett Johansson ya deslumbrante desde sus 15 años para ofrecer una joya atemporal.
Al momento de adentrarse en el mundo adulto, algunos transforman su crisis identitaria en una dialéctica de poder y responsabilidad. Sin embargo, incluso en el noveno arte, no solo los superhéroes luchan por liberarse de la etapa incómoda de la adolescencia: los demás generalmente solo tienen su cinismo y complejos para enfrentar el mundo.
Detrás del ineludible John Hughes (The Breakfast Club) y mientras Sofia Coppola acaba de romper esquemas con su melancólica Virgin Suicides, el comienzo del siglo XXI ve surgir un serio competidor en el segmento de las mejores películas adolescentes. Dos documentales, tres ficciones: la filmografía completa de Terry Zwigoff es un sueño para los completistas ansiosos. Con Ghost World, se sienta a la mesa de los más grandes… sin necesariamente alcanzar su notoriedad.
Perdido en la transición
El señor de los grafitis
Un día, mientras paseaba por un barrio complicado de Chicago, la mirada de Daniel Clowes se siente atraída por un graffiti entre la multitud de sus congéneres ilegibles: «Ghost World». ¿Es acaso una canción, una creación espontánea? No lo sabe. Pero la expresión se queda grabada en su mente y se convertirá en el título de su obra más significativa.
El novela gráfica Ghost World se publica en 1997 y logra conquistar a un público mucho más amplio de lo que su círculo de admiradoras adolescentes podría haber esperado. El cineasta Terry Zwigoff es uno de los que se deja seducir por su universo único. El mundo del cómic no le es ajeno, ya que ha ganado cierta reputación gracias a un documental dedicado al ilustrador Robert Crumb, premiado en Sundance. Desde entonces, ha recibido guiones por docenas, pero ninguno le parece estar a la altura. Lo que él busca es autenticidad.
Mr. Pink está en verde
Hacia finales del siglo XX, las adaptaciones de cómics estadounidenses aún están lejos de convertirse en el deporte nacional impulsado por los superpoderes. Los pocos ejemplares que llegan a la pantalla grande son, en su mayoría, adaptaciones de mangas (Akira en 1998) o del clásico filón franco-belga (Astérix y Obélix contra César en 1999). Pero Zwigoff no dudará en acercarse a Clowes, quien ni siquiera había considerado tal destino para su relato.
Es a cuatro manos que se ponen a trabajar en el guion. Ambos hombres descubren que comparten visiones muy parecidas. Su colaboración transcurre de maravilla, extendiéndose a lo largo de todo el desarrollo, con Clowes siendo invitado a servir como consultor en el set. Si bien conservan evidentemente el universo y a sus heroínas, con un énfasis más marcado en Enid, él…
